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Libro: LA ECONOMÍA DE DIOS, Witness Lee


La economía de Dios

CONTENIDO

  1. La economía del Dios Triuno
  2. El Espíritu todo-suficiente
  3. El lugar donde reside el Espíritu divino
  4. La clave para el Espíritu morador
  5. Las personas de Dios y las partes del hombre
  6. Las partes internas y la parte escondida
  7. La función de las partes internas y de la parte escondida
  8. Tratando con el corazón y con el espíritu
  9. Tratando con el alma
  10. La excavación en las partes internas y en la parte escondida de nuestro ser
  11. Discernir el espíritu del alma
  12. El hombre y los dos árboles
  13. La cruz y la vida del alma
  14. El principio de la cruz
  15. El principio de resurrección
  16. Las riquezas de la resurrección
  17. La comunión de vida y el sentir de vida
  18. El ejercicio del espíritu y la entrada en el espíritu
  19. El Cristo escondido en nuestro espíritu
  20. El hombre tripartito y la iglesia
  21. La edificación de la morada de Dios
  22. La cubierta del edificio de Dios
  23. La iglesia: Dios manifestado en la carne
  24. La visión del blanco de la economía de Dios

PREFACIO

Los siguientes capítulos son mensajes que fueron dados en Los Angeles en la conferencia de verano de 1964. Se ha conservado la forma hablada en que fueron dados. El autor ruega a todos los lectores que pongan su atención en las realidades espirituales que estos mensajes conllevan, más que en el lenguaje en sí.
Tal vez la palabra “economía” usada en el título de este libro parezca un poco extraña al lector. “La economía de Dios” es una cita de 1 Timoteo 1:4, conforme al griego. La palabra “economía” en griego es “oikonomía”, que primordialmente significa administración de una casa, manejo de una casa, arreglo y distribución, o dispensación (de riquezas, propiedades, asuntos, etc.). Se usa con la intención de dar énfasis al punto central de la divina empresa de Dios, la cual es distribuirse o dispensarse a Sí mismo en el hombre.
Las tres Personas de la Deidad son para la economía de Dios, para la distribución divina, para la santa dispensación. El Padre como fuente está incorporado en el Hijo, y el Hijo como cauce es hecho real en el Espíritu, quien es la transmisión. Dios el Padre es Espíritu (Jn. 4:24), y Dios el Hijo, el postrer Adán, fue hecho Espíritu vivificante (1 Co. 15:45). Todo está en Dios el Espíritu, quien es el Espíritu Santo revelado en el Nuevo Testamento. Hoy día, este Espíritu Santo, con la plenitud del Padre, en las riquezas del Hijo, ha entrado en nuestro espíritu humano y habita allí a fin de impartir en nuestro mismo ser todo lo que Dios es. Esto es la economía de Dios, la dispensación divina. El Espíritu Santo de Dios habitando en nuestro espíritu humano para dispensar en nuestro ser todo lo que Dios es en Cristo, es el foco, el centro mismo de esta misteriosa distribución del Dios Triuno. Este es el campo de batalla de la guerra espiritual. De qué manera, por medio de muchas cosas buenas y hasta bíblicas, el enemigo sutil ha estado y está todavía distrayendo de este centro de la economía de Dios a los santos de Dios, aun a los que le buscan diligentemente. En semejante tiempo de confusión, tal como en los tiempos en que fueron escritas las Epístolas a Timoteo, debemos ser reducidos y aun dirigidos al Espíritu divino y todo-inclusivo en nuestro espíritu humano a fin de que seamos guardados de errar el blanco de la economía divina. Por lo tanto, hoy día es básicamente necesario regresar a nuestro espíritu humano así como permanecer en él y ejercitarlo a fin de hacer real el Espíritu de Dios. Haciendo esto podemos participar de toda la plenitud de Dios por medio de disfrutar las inescrutables riquezas de Cristo. Que el Señor nos conceda la gracia para que seamos introducidos en tal entendimiento y para que lo pongamos en práctica en nuestra vida diaria y en todo lo que hagamos.
A fin de lograr una aplicación adecuada y un mejor resultado, todos los mensajes de este libro deben leerse con un espíritu de oración. Será del mayor beneficio orar-leer todas las citas bíblicas de cada capítulo y acompañar siempre la lectura con oración. Que la presencia del Señor y Su dulce unción interior sea reconocida por todos los lectores en su lectura de estos mensajes en el espíritu.
Witness Lee
Los Angeles, California, EE.UU.
11 de enero de 1968


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